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Toma de tierras

Toma de tierras
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En los últimos meses fuimos testigos de una gran convulsión, ocasionada por una serie de tomas de tierras, lideradas aparentemente por integrantes de movimientos sociales, fundamentalmente en diferentes puntos críticos del conurbano bonaerense. De esta manera, merced a la difusión que los medios de comunicación dieron a la noticia, una toma en Guernica y otra perpetrada en el campo de la familia Etchevehere en la provincia de Entre Ríos, se convirtieron en el foco de la agenda mediática durante varias semanas. Sin embargo, el verdadero problema no son las tomas, las cuales se vienen realizando desde hace años, de manera lenta y paulatina, sin que ninguna instancia gubernamental ni nacional, provincial o municipal, tome cartas en el asunto. Muy por el contrario, se sospecha que en la mayoría de los casos, son los propios municipios quienes a través de distintos punteros barriales y otros interlocutores, se hacen los distraídos u operan habilitando ocupaciones en terrenos inundables, sobrantes fiscales, municipales o espacios ferroviarios, carentes de servicios y urbanización, a manera de dádiva clientelar, con el objetivo de obtener un voto en las próximas elecciones y realizar diferentes negocios, no siempre del todo lícitos. En nuestra ciudad, por ejemplo, a partir de los años 2008 y 2009, durante la gestión del entonces intendente Carlos Selva, comenzó a repoblarse el Barrio Marchetti, más conocido como “La Pampa Chica”, una zona alejada del casco urbano, próxima al Río Lujan, históricamente inundable, que años atrás el intendente Julio C. Gioscio, había relocalizado en lo que luego se constituiría en el denominado “Barrio San Martín”. Como consecuencia, durante las inundaciones que se produjeron en los años 2014 y 2015, cientos de personas tuvieron que ser evacuadas, con los consabidos daños materiales y pérdidas económicas que esto acarrea. En el mismo período también se registraron ocupaciones masivas de tierras en otras localidades del distrito como Gowland y Agote. Este desastre no puede atribuirse únicamente a la imprevisibilidad generada por un fenómeno meteorológico excepcional, aquí hubo evidentemente una mezcla de incapacidad, desidia y corrupción. Esta catástrofe se podría haber prevenido y evitado si los sucesivos gobiernos, tanto nacionales, provinciales, pero sobre todo municipales hubieran abordado el problema de la vivienda con seriedad, construyendo inmuebles en espacios adecuadamente urbanizados y con los correspondientes servicios. Por el contrario, el gobierno comunal promovió o simplemente se hizo el distraído, mientras decenas de familias parcelaban lotes por su cuenta y se instalaban en precarias viviendas sobre un gigantesco humedal que, tarde o temprano, como suele ocurrir durante los ciclos de abundantes lluvias, desbordó el cauce del río, arrasando con todo lo que encontró a su paso. No obstante, el problema principal no es la “toma de tierras”. Esto es en realidad la consecuencia de un acuciante y creciente déficit habitacional, ocasionado por la confluencia de varios factores que nunca llegan a abordarse de manera eficaz, porque dejaría en evidencia la impericia, la falta de créditos accesibles y de políticas públicas en materia de vivienda, que han caracterizado a la mayor parte de los gobiernos democráticos desde 1983. A esto se suman tanto la creciente desocupación, como la desvalorización de los ingresos de toda la población, lo cual redunda en un ensanchamiento de la brecha entre el poder adquisitivo del salario y el valor de la propiedad, sobre todo en los centros mas densamente poblados.

 

Sobre Erven Vigano

licenciado en Artes visuales. Publicista y profesor de Escuela de Arte Nº 2 - Mercedes B.

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